La carta de Colón

Escrita el 16 de noviembre de 2001



La India, 14 de octubre de 1492

Querida Isabel:

¿Cómo estás? Yo todavía estoy bien. Espero que no hayas estado preocupada por mí. No he podido escribirte durante los días en el mar, y entiendo muy bien si te hayan torturado las fantasías de tormentas y monstruos marinos. Ahora puedo calmarte, como llegué anteayer con mi armada modesta a la India.
No estoy seguro de dónde en la India estamos. Hemos llegado a unas islas pequeñas, y según mis cálculos estas son partes del archipiélago de la costa del este del país. La ciudad de Calcuta, por consiguiente, debe estar en dirección norte. Cuando llegue allí voy a encontrar un buzón donde podré poner esta carta, para que la recibas en el plazo de un mes, gracias al servicio rápido mundialmente conocido del correo indio.
Desafortunadamente, los indígenas con quienes me he encontrado aquí no hablan hindi, como había esperado. Por eso no puedo usar el manual de conversación español-hindi que me traía, y es difícil preguntar a los indios por el camino a Calcuta, pero tengo en mi tripulación un experto capaz de lenguas extranjeras que ahora está aprendiendo la lengua que hablan nuestros anfitriones. Mientras espero su información me divierto mucho bañándome y descansando en la playa de arena blanca estupenda. Por lo demás, hacen aquí una bebida india deliciosa llamada piña colada, de la cual ya he bebido trece copas.
Me siento muy triunfante, como entiendes, porque he probado que es redonda la tierra. Sé que tú, Isabelita mía, no has dudado nunca de mi teoría, pero a todos los académicos de las universidades españolas estoy muy alegre de someterles. Espero que a ellos les cites lo que escribo en esta carta, como un saludo triunfante mío.
Como dije, este es un sitio maravilloso, y estoy feliz aquí. El viaje también me salió bien; perdí sólo veintitres hombres y los restantes nunca se amotinaron, aunque tenían mucho miedo de la catarata al borde del mundo. Admito que era un poco aburrido jugar con un huevo cada noche en mi camarote, pero ahora cuando he bajado a tierra no tengo que hacerlo más. ¡La vida me sonríe!
A la única que echo de menos es, por supuesto, a ti, Isabelita mía. Me acuerdo de tu sonrisa bonita, de tus ojos y de tu pelo bien lavado, y deseo que estuvieras aquí conmigo en la India, así que podría mostrarte todo lo bonito que se encuentra en este país. Te quiero, Isabel, y espero que cuando vuelva a España quieras divorciarte de tu marido Fernando para casarte en cambio con un aventurero fuerte, valeroso y científicamente correcto, es decir conmigo. (Espero también que a tu marido no le muestres esta carta antes del divorcio, como me gustaría mucho vivir unos años más.)
¡Te envío mis saludos desde este país soleado, esperando que vuelva a verte pronto!

Un abrazo muy fuerte
Cristóbal

P.S. El padre Francisco te da también sus recuerdos. Le duele un poco el estómago, pero se sangra cada día para recuperarse. D.S.





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